Mata Ortiz: Las Historias No Contadas, Parte Uno

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Felix Ortiz coyote effigy

Felix Ortiz coyote effigy

Jose Quezada fish effigy

Jose Quezada fish effigy

 

LAS HISTORIAS NO CONTADAS DE PAQUIMÉ Y

MATA ORTIZ (PARTE UNO)

Por Ron Goebel y Nancy Andrews

“Existen todo tipo de mitos que un pueblo tiene sobre sí mismo. Creo que una de las tareas del historiador es intentar acabar con algunos de esos mitos para que las personas puedan enfrentar su situación actual de manera realista, en lugar de hacerlo de forma mítica. Esa es mi percepción sobre lo que un historiador debe hacer”.

James McPherson, historiador ganador del premio Pulitzer

 

Casas Grandes, Chihuahua, México se ubica en una región bendita con barro de alta calidadartistas talentosos y una tradición de cerámicas antiguas. En este lugar, hace casi mil años, la gente de Casas Grandes vivía en la región de Paquimé y sus alrededores, un punto comercial que unía a Mesoamérica con culturas del norte, como las hohokam, mogollón y anazasi. El pueblo de Casas Grandes abandonó la región en el siglo XV, y dejó atrás un legado de alfarería.

Los saqueos de los sitios arqueológicos alrededor de Paquimé bien podrían haber continuado durante décadas, por no decir siglos. Sin embargo, los primeros saqueadores de la zona de Mata Ortiz señalan que el saqueo de Paquimé comenzó en la década de 1960. Con el propósito de ganarse la vida y mantener a sus familias, estos saqueadores de mediados del siglo veinte excavaron la mayor parte del área alrededor de Casas Grandes y Mata Ortiz, extrajeron muchas dozenas de ollas y les vendieron las piezas a comerciantes y coleccionistas, incluidos algunos estadounidenses. A mediados de la década de 1960, estos saqueos generaron una demanda que superaba el suministro de ollas antiguas. Las arqueólogas Nancy Kelker y Karen O. Bruhns determinan que “los artesanos locales pronto entraron en escena para llenar este vacío”. Los artesanos de Mata Ortiz y Casas Grandes, al no poder satisfacer la demanda de ollas antiguas, comenzaron a fabricar réplicas que llamaron hechizas. Muchos de los primeros saqueadores, incluido el alfarero actual Rojelio Silveira, experimentaron con el barro para lograr que sus ollas contemporáneas lucieran prehistóricas. Los mismos artesanos, junto con comerciantes mexicanos, lograron venderles con éxito las réplicas a coleccionistas y propietarios de tiendas en ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México durante gran parte de las décadas de 1960 y 1970. Mientras que el mito popular actual cuenta de forma equivocada que los saqueos no ocurrieron, que de hecho la alfarería de Mata Ortiz evolucionó gracias a un artista autodidacta descubierto por un hombre estadounidense, el autor y profesor Julián Hernández Chávez de Casas Grandes afirma que este saqueo temprano “no es un secreto”.

El profesor Hernández, cuya familia ha vivido en el lugar durante más de dos siglos, manifiesta que el alfarero Manuel Olivas de Casas Grandes fue el primero de la zona en utilizar los diseños de Paquimé en la alfarería contemporánea.

Manuel Olivas le comentó al profesor Hernández que aprendió a trabajar con barro en 1952 de la mano de su abuela, Leonor Parra. Mientras que Parra, al igual que otras mujeres del lugar, tenía habilidades para la alfarería con motivos utilitarios, Manuel Olivas comenzó a crear piezas con propósitos decorativos. Sus diseños se basaban en antiguas temáticas de Paquimé. Con un comienzo muy modesto en la década de 1950, Olivas y sus hermanos se convirtieron en alfareros prolíficos a lo largo de la década de 1960 y más allá. De hecho, cuando en 1976 un estadounidense llamado Spencer MacCallum llegó a Nuevo Casas Grandes en busca del artista que había creado sus tres ollas, los lugareños lo enviaron al hogar de Manuel Olivas. (MacCallun aparentemente había comprado estas ollas en el sur de Nuevo México).

“La revisión es el alma de los estudios históricos. La historia es un diálogo continuo entre el presente y el pasado. Las interpretaciones del pasado están sujetas al cambio en respuesta a nuevas evidencias, nuevos interrogantes a partir de la evidencia y nuevas perspectivas obtenidas con el paso del tiempo”. James McPherson

En 1979, en la obra An Odyssey Complete and Continuing, Spencer MacCallum escribió lo siguiente sobre el alfarero Juan Quezada: “No tenía a nadie en Chihuahua a quien pudiera copiar”, y que el redescubrimiento de la tecnología alfarera de Quezada ocurrió “sin haber visto jamás…a un alfarero trabajando”. Esto es algo claramente incorrecto. Sin embargo, el profesor Julián Hernández afirma que justo antes de encontrarse con Quezada en 1976, MacCallum conoció y vio trabajos de alfarería realizados por Manuel Olivas. Según Hernández, fue Olivas, con la creencia de que a las ollas de Spencer MacCallum las había fabricado cualquiera de los muchos alfareros del lugar, quien envió a MacCallum a Mata Ortiz donde luego conoció a Juan Quezada. El profesor Hernández continúa y dice que “en Mata Ortiz, el primero [alfarero] fue probablemente Félix Ortiz”.

La alfarera de Mata Ortiz, Marisela Ortiz de Barrio Porvenir, recuerda a su padre Félix. “Por aquí”, señala, “la gente sabe que Félix Ortiz fue el que comenzó todo. Algunas personas de por aquí están molestas. Aquí las personas consideran a mi padre, Félix Ortiz, el primer alfarero en Mata Ortiz. Estaríamos muy orgullosos si algún día las personas reconocieran a mi padre por la persona que fue…”. El tío abuelo de Marisela, Jesús Ortiz, agrega: “Juan no fue el primero. Mi sobrino Félix lo fue. Y después su hermano Emeterio. Juan solía venir y observaba las ollas de Félix. Pero luego algo ocurrió. Tuvieron una pelea. Si quieres saber cómo lucían las ollas de Félix, ve y pregúntale a Juan Quezada. ¡Él las observó!”

De hecho, según una investigación sobre Mata Ortiz realizada por el investigador Jim Hills de Tucson, Arizona, muchas personas del barrio de Porvenir se dedicaban a los trabajos de alfarería en la década de 1970. Los alfareros de Porvenir Rojelio Silveira, Emeterio Ortiz, Félix Ortiz y Salbador Ortiz realizaron trabajos de alfarería a principios de la década de 1970. En su artículo, “Reconstructing a Miracle” (La reconstrucción de un milagro) en el periódico de la Universidad de Arizona Journal of the Southwest, Hills señala: “MacCallum continuamente personalizó su historia a lo largo de los años para intentar promover una narrativa única, en la que se debían omitir, modificar o diluir hechos”. Los trabajos de Ortiz y Silveira estaban entre esas omisiones.

Por lo tanto, según Hills: “una mezcla de estrategias empresariales bien intencionadas, reticencia, descuidos, imaginación, exageración y nociones románticas de la realidad le han dado forma a la narrativa de Mata Ortiz”.

En esencia, dos voces estadounidenses le dieron forma a esta historia incompleta de la tradición alfarería de Mata Ortiz. En 1993, Walter Parks escribió un libro basado en parte en las notas de MacCallum. En los agradecimientos del libro, Parks afirma: “Spencer MacCallum fue muy generoso, ya que dejó a mi disposición sus archivos y revisó el texto”. Según nuevas evidencias, ese relato es deficiente y tiene una perspectiva limitada. Solo cuenta una parte de la historia. Muchas familias mexicanas significativas quedaron excluidas.

 

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